Recuerdo como era que me tocaras, recuerdo que me venía arriba y creía que no existía cielo más alto que tocar.
Tu tacto era como el fuego, me quemaba la piel mientras me acariciaba suavemente, porque tu piel era perfecta. Y estaba hecha para la mía.
Y recuerdo la música que sonaba cuando me tocabas al dormir, y por supuesto mi mente se enturbiaba, y me sentía aturdida por todos aquellos sentimientos que saltaban y centelleaban sobre mí.
Dormir contigo era como ver un espectáculo de pirotecnia en una playa completamente desierta. Era frío por el miedo, y caliente por ti.
Era todo. Y no quiero ni necesito que me abraces o que me toques para poder seguir respirando, solo necesito que el recuerdo nunca acabe, saber que pude vivirlo, saber que fue mío por un momento.
Haces una aparición con recuerdos enterrados, de los profundamente dolorosos y yo ya no sé que pensar, no sé que sentir y no sé que recordar. No sé si hace frío o calor, ni si estoy respirando, ni si quiero no estar a tu lado.
Si no te vas a quedar vete, te he dejado en libertad, te he dicho que la disfrutes lejos. Y te sigues empeñando en hacerlo aquí, a una distancia prudente como para poder hacer que me desangre lentamente con una de esas balas que me disparas cuando me miras, pero lo suficientemente lejos como para agonizar y no poder agarrarte.
Y es que yo nunca fui de medias distancias, ni de tonos grises, ni de medias tintas, ni de dobles sentidos.
Yo lo que quiero es que esto deje de doler, y que la sangre que brota de mis grietas no sea tan brillante, tan roja.
Yo lo que quiero es que te quedes.
jueves, 1 de enero de 2015
sábado, 20 de diciembre de 2014
but i'm a creep
Ojos cerrados y es de noche. El frío ya no afecta, ni la humedad, ni el calor.Se encuentra ella sentada, completamente recta, más de lo que había estado nunca.
Cualquiera llamaría vacío a como ella se siente, cuando en realidad estaba llena de marañas de humo y halos de caos que no le hacían sentir diferente a hace medio segundo.
Simplemente se encontraba sentada, buscando un pequeño remanso se paz, un agujero negro entre las transparencias de sus carencias.
Algo donde realmente hubiera un vacío. Y sólo había rabia.
Se encontraba con su reflejo relatándose, gritando que se calle, que no está lo suficiente erguida, que no lo ha hecho bien una vez más. Pero qué fácil es hablar desde fuera, o en este caso desde dentro, ¿no?
Qué fácil es pensar lo que deberías haber dicho después de haberlo hecho mal.
Y qué difícil era ella.
El precio de que te guste lo difícil.
Por lógica o por contraposición debería buscar lo fácil, que le gustara eso. Pero no.
Ella sigue sentada reprimiendo como cada segundo desde que tiene consciencia, las ganas de llorar. Para ella reprimirse se había convertido en costumbre.
Y qué tentador se tornaba el poder llorar libremente. Hasta que volvía a aparecer su reflejo y la miraba con ojos de reproche.
Lo peor era que su mayor miedo era ella. Ella y sus reproches.
Cualquiera llamaría vacío a como ella se siente, cuando en realidad estaba llena de marañas de humo y halos de caos que no le hacían sentir diferente a hace medio segundo.
Simplemente se encontraba sentada, buscando un pequeño remanso se paz, un agujero negro entre las transparencias de sus carencias.
Algo donde realmente hubiera un vacío. Y sólo había rabia.
Se encontraba con su reflejo relatándose, gritando que se calle, que no está lo suficiente erguida, que no lo ha hecho bien una vez más. Pero qué fácil es hablar desde fuera, o en este caso desde dentro, ¿no?
Qué fácil es pensar lo que deberías haber dicho después de haberlo hecho mal.
Y qué difícil era ella.
El precio de que te guste lo difícil.
Por lógica o por contraposición debería buscar lo fácil, que le gustara eso. Pero no.
Ella sigue sentada reprimiendo como cada segundo desde que tiene consciencia, las ganas de llorar. Para ella reprimirse se había convertido en costumbre.
Y qué tentador se tornaba el poder llorar libremente. Hasta que volvía a aparecer su reflejo y la miraba con ojos de reproche.
Lo peor era que su mayor miedo era ella. Ella y sus reproches.
Imagina un espejo roto; pues cada esquirla era un fantasma.
domingo, 30 de noviembre de 2014
El equilibrio es imposible
Y aquí estoy, recreando en mi cabeza mil historias que nunca pude ni ahora puedo contarte. Tratando de razonar cuestiones que una vez te dije, eran imposibles de razonar. Jugando a ser fuerte y a creer que por mentir a todo el mundo me puedo mentir a mí.
Cometiendo tus mismos errores y pareciéndome un poco más a ti, en un estúpido intento de justificarme y creer que llevo la razón.
Pero, para ser honestos, en estos juegos nadie lleva nunca la virtud, nadie es el líder y nadie gana. El amor no se debe ganar, debe compartirse y punto. Pero a ti y a mí los residuos, los años y todo lo demás nos enseñaron que si éramos egoístas nadie nos podría robar nada porque no teníamos que dar nada.
Te echo de menos, y no sabes cuanto.
No echo de menos que alguien me abrace, ni que nadie me diga cosas bonitas, ni que nadie me mire como si yo fuera guapa. Necesito que tú me mires como si nada, que me toques para colocarme el pelo y que pienses en mí de vez en cuando, sólo eso.
Y tú ni siquiera me mereces.
Y no puedo justificar que con un puto segundo en la puerta de un aeropuerto me robaras el alma y yo te ayudara a forzar la entrada a ella, no opuse resistencia. No puedo justificar que yo, que me he esforzado tantas veces por sentir lo inexistente en complementos circunstanciales de tiempos largos no sintiera nada, que he deseado que hubiera sido cualquier otro antes que tú. Estoy aquí, con los pies descalzos culpándome por sentir cosas tan irracionales, sin perdonarme por parecer tan estúpida, y sin poder justificar porqué lo que tanto quería ya no lo quiero.
Vete. Porque yo ya no pienso moverme de aquí.
"Si está bien, si es tan fácil, ¿por qué duele así? por dentro"
Cometiendo tus mismos errores y pareciéndome un poco más a ti, en un estúpido intento de justificarme y creer que llevo la razón.
Pero, para ser honestos, en estos juegos nadie lleva nunca la virtud, nadie es el líder y nadie gana. El amor no se debe ganar, debe compartirse y punto. Pero a ti y a mí los residuos, los años y todo lo demás nos enseñaron que si éramos egoístas nadie nos podría robar nada porque no teníamos que dar nada.
Te echo de menos, y no sabes cuanto.
No echo de menos que alguien me abrace, ni que nadie me diga cosas bonitas, ni que nadie me mire como si yo fuera guapa. Necesito que tú me mires como si nada, que me toques para colocarme el pelo y que pienses en mí de vez en cuando, sólo eso.
Y tú ni siquiera me mereces.
Y no puedo justificar que con un puto segundo en la puerta de un aeropuerto me robaras el alma y yo te ayudara a forzar la entrada a ella, no opuse resistencia. No puedo justificar que yo, que me he esforzado tantas veces por sentir lo inexistente en complementos circunstanciales de tiempos largos no sintiera nada, que he deseado que hubiera sido cualquier otro antes que tú. Estoy aquí, con los pies descalzos culpándome por sentir cosas tan irracionales, sin perdonarme por parecer tan estúpida, y sin poder justificar porqué lo que tanto quería ya no lo quiero.
Vete. Porque yo ya no pienso moverme de aquí.
"Si está bien, si es tan fácil, ¿por qué duele así? por dentro"
sábado, 15 de noviembre de 2014
Fiction
Mientras consumía el cigarro, con los ojos ciegos de la noche. Entre el humo, la gente disfrutando y la música que vibra penetrando en cada uno de mis poros te veía en todas partes. Aun a sabiendas de que era imposible que tras ver la luz tenue fueras a aparecer yo te veía en todas las caras.
Sin buscarte aparecías, y eso me hacía enfadarme conmigo. Eso generaba en mí rabia e impotencia que sólo era capaz de expresar dejándome llevar por la música.
Quizá fue lo que fumé.
Y ahora solo veo la meta de sobrepasar la montaña y encontrarme un valle encantado lleno de lagos y flores. Pero me da miedo seguir escalando y encontrar un precipicio y lluvia.
Me duelen las pestañas y tú siempre te posas sobre ellas.
Sin buscarte aparecías, y eso me hacía enfadarme conmigo. Eso generaba en mí rabia e impotencia que sólo era capaz de expresar dejándome llevar por la música.
Quizá fue lo que fumé.
Y ahora solo veo la meta de sobrepasar la montaña y encontrarme un valle encantado lleno de lagos y flores. Pero me da miedo seguir escalando y encontrar un precipicio y lluvia.
Me duelen las pestañas y tú siempre te posas sobre ellas.
lunes, 3 de noviembre de 2014
Domingo astromántico
Recuerdo cuando apareció la señal de fuego en el cielo, recuerdo como brillaba y yo no podía dejar de mirar. Era mágico.
Yo, que siempre me piso el mismo pie y que tengo explicación para todo y nada, miraba cada noche aquel ente como si no pudiera ocurrir nada más en el mundo que me pudiera importar.
Para cuando me di cuenta de que era un meteorito que venía directo hacia mí, ya era tarde. Da igual a donde yo me moviese o a qué país viajase, donde me pudiera esconder. Porque iba a seguir y perseguir mi trayectoria hasta encontrarme.
Dejé ver tanto de mí aquellas noches mientras soñaba despierta contemplando la estrella, que ya era imposible que no pudiese hacerme daño.
Cuando corría despavorida intentando que no me alcanzara, sentí dentro de mi un pequeño halo de recuerdo, como si todo eso me fuese familiar. Y yo pensaba "que tonta eres, es imposible" pero esa sensación agridulce no se me fue de la boca hasta que me encontró.
Me dolían goteras que pensaba que había arreglado.
Era tan cegadora la luz, que me quemó las retinas por completo, y entró traspasando mi pecho como quien trincha un pavo. Sin dificultad ninguna. Quizá fue porque había abierto mi corazón como un libro cada noche mandando deseos que nadie escuchó nunca a lo que yo creía que era una estrella fugaz.
Después del impacto sólo he aprendido que ver atardeceres no es imprescindible, que sentirte el rey del mundo por escalar una pared es mejorable, que correr veinte kilómetros todos los día no te hacen tener un corazón más grande.
Descubrí que la gente se limita siempre a "disfrutar de los pequeños momentos de la vida", y no puedo evitar preguntarme. ¿Y qué hay de los momentos grandes? ¿Somos demasiado cobardes para querer disfrutar muchos grandes momentos de la vida?
¿No habían luces suficientes en el cielo para tener que mirar sólo a esa?
Sí, somos cobardes. Somos el único ser capaz de tener la felicidad con carteles y luces de neón en nuestras narices y pasar de largo porque nuestro ojo contaminado se acomodó a las luces de ciudad.
Nos limitamos a tópicos aprendidos sobre ideas de amor y gracia sin imponer nuestras propias pautas, conformándonos con la milésima parte y sintiendo desdicha cuando tenemos más de lo deseado.
Aprendí que nos da miedo sentir cosas mas grandes que un meteorito.
Lo único que tengo claro después del impacto es que es imposible parar algo inevitable.
Yo, que siempre me piso el mismo pie y que tengo explicación para todo y nada, miraba cada noche aquel ente como si no pudiera ocurrir nada más en el mundo que me pudiera importar.
Para cuando me di cuenta de que era un meteorito que venía directo hacia mí, ya era tarde. Da igual a donde yo me moviese o a qué país viajase, donde me pudiera esconder. Porque iba a seguir y perseguir mi trayectoria hasta encontrarme.
Dejé ver tanto de mí aquellas noches mientras soñaba despierta contemplando la estrella, que ya era imposible que no pudiese hacerme daño.
Cuando corría despavorida intentando que no me alcanzara, sentí dentro de mi un pequeño halo de recuerdo, como si todo eso me fuese familiar. Y yo pensaba "que tonta eres, es imposible" pero esa sensación agridulce no se me fue de la boca hasta que me encontró.
Me dolían goteras que pensaba que había arreglado.
Era tan cegadora la luz, que me quemó las retinas por completo, y entró traspasando mi pecho como quien trincha un pavo. Sin dificultad ninguna. Quizá fue porque había abierto mi corazón como un libro cada noche mandando deseos que nadie escuchó nunca a lo que yo creía que era una estrella fugaz.
Después del impacto sólo he aprendido que ver atardeceres no es imprescindible, que sentirte el rey del mundo por escalar una pared es mejorable, que correr veinte kilómetros todos los día no te hacen tener un corazón más grande.
Descubrí que la gente se limita siempre a "disfrutar de los pequeños momentos de la vida", y no puedo evitar preguntarme. ¿Y qué hay de los momentos grandes? ¿Somos demasiado cobardes para querer disfrutar muchos grandes momentos de la vida?
Sí, somos cobardes. Somos el único ser capaz de tener la felicidad con carteles y luces de neón en nuestras narices y pasar de largo porque nuestro ojo contaminado se acomodó a las luces de ciudad.
Nos limitamos a tópicos aprendidos sobre ideas de amor y gracia sin imponer nuestras propias pautas, conformándonos con la milésima parte y sintiendo desdicha cuando tenemos más de lo deseado.
Aprendí que nos da miedo sentir cosas mas grandes que un meteorito.
Lo único que tengo claro después del impacto es que es imposible parar algo inevitable.
miércoles, 29 de octubre de 2014
"Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos."
Los caleidoscopios crean las formas más perfectas posibles en la naturaleza, un verdadero juego de ángulos, formas y colores que siempre encajan gires hacia donde gires la mira.
Es perfecto porque nunca deja de serlo, es perfecto porque todas sus piezas se mezclan entre ellas perfectamente, es perfecto porque juegan juntas, es perfecto porque gires cuanto gires nunca acaba.
Es perfecto porque las posibilidades son infinitas.
Si es así, ¿por qué no aprovechamos todas las posibilidades infinitas que nos brinda el universo?
¿por qué escogemos no juntar las piezas?
¿por qué no queremos ayuda para arreglar el caleidoscopio?
Necesito ya la respuesta.
Es perfecto porque nunca deja de serlo, es perfecto porque todas sus piezas se mezclan entre ellas perfectamente, es perfecto porque juegan juntas, es perfecto porque gires cuanto gires nunca acaba.
Es perfecto porque las posibilidades son infinitas.
Si es así, ¿por qué no aprovechamos todas las posibilidades infinitas que nos brinda el universo?
¿por qué escogemos no juntar las piezas?
¿por qué no queremos ayuda para arreglar el caleidoscopio?
Necesito ya la respuesta.
martes, 14 de octubre de 2014
A little God in my hands
Aparecía la electricidad aumentada por la sal que aun me quedaba pegada de la playa, y recorría cada arteria y vena de mi cuerpo.
Podía sentirme poderosa, en lo alto de la cima, por primera vez sin avergonzarme, sin pensar que estaba mal. Todo eso era para mí y solo para mí.
Me siento bien, bien porque reconozco que el universo es un maldito capullo que te da las soluciones a escondidas. Y eso es bueno. Se comporta como el chico malo, el impenetrable, y nos da momentos de angustia total y nos nubla la mente para que no veamos la salida. Nos entrena para la vida, nos pone obstáculos para divertirse y galardonar al final al que verdaderamente lo merece.
Sí, hay que ser valiente, hay que dejar atrás la mierda de la autocompasión y la lástima. Somos seres débiles por opción propia, y me encanta descubrir que se puede luchar contra ello.
Cada día hay millones de posibilidades que no vemos por rutina, y porque somos gilipollas, lo fácil es el dolor.
Y me he cansado de seguir esa línea en mi vida, hoy te tengo a ti, abrazándome por la noche y haciendo sentir que mi corazón late y yo puedo sentirme viva. Y no, no pienso arrepentirme de eso. Ni quiero más, solo quiero que sigas aquí a mi lado, cantando a gallo pelado y haciendo crucigramas fáciles para que no nos sintamos tontos.
Y esa, es la mejor oportunidad de todas.
Y así es la la vida; "que la pena dura tanto como quieras tú seguir llorando"
Y me gusta ver el sol.
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